En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo me voy y ustedes me
buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir».
Dijeron entonces los judíos: «¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos
dice: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'?» Pero Jesús añadió: «Ustedes
son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy
de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen
que Yo Soy, morirán en sus pecados».
Los judíos le preguntaron: «Entonces ¿quién eres tú?» Jesús les
respondió: «Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que
decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que
yo le he oído decir a él es lo que digo al mundo». Ellos no comprendieron que
hablaba del Padre.
Jesús prosiguió: «Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces
conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me
enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque
yo hago siempre lo que a él le agrada». Después de decir estas palabras, muchos
creyeron en él.
Comentario
Jesús advierte a sus oyentes: «A donde yo voy, ustedes no pueden
venir». La tragedia que se narra aquí no es una prohibición de Jesús, sino una
incapacidad de los judíos de aquel momento. Al estar enfocados solo en lo
terrenal (lo de "abajo"), no pueden comprender a quien viene de
"arriba". El pecado del que habla Jesús es, precisamente, la falta de
fe que les impide reconocer la salida hacia la libertad espiritual.
«Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo
Soy». Jesús utiliza el título divino "Yo Soy" (el nombre de Dios en
el Éxodo). Lo paradójico es que la prueba definitiva de su divinidad no será un
acto de poder terrenal, sino su crucifixión (ser "levantado"). Es en
la entrega máxima donde se revela su verdadera identidad y su unión total con
el Padre.
Jesús subraya que nunca está solo: «El que me envió está conmigo». Esta
comunión es lo que le da autoridad a sus palabras. El pasaje termina con una
nota de esperanza: a pesar de la dureza del diálogo y la incomprensión «muchos
creyeron en él».
El texto nos invita a reflexionar sobre nuestra propia mirada:
¿buscamos a Dios desde nuestros prejuicios ("desde abajo") o estamos
dispuestos a dejarnos elevar por su mensaje?

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