Origen y propósito: Desde sus inicios, la Iglesia apostólica consolidó
su fe en fórmulas breves y normas accesibles, encontrándose ejemplos de esto en
diversos pasajes del Nuevo Testamento, como la proclamación de la muerte,
sepultura y resurrección de Cristo (1 Cor 15, 3-5).
Desarrollo de los Símbolos: Con el tiempo, la Iglesia sintió la
necesidad de organizar y articular lo esencial de su doctrina en resúmenes
(Credos), especialmente para los catecúmenos que se preparaban para el
bautismo.
Naturaleza del Credo: Según San Cirilo de Jerusalén, estos resúmenes no
son opiniones humanas, sino una síntesis que concentra lo más importante de
toda la Escritura (Antiguo y Nuevo Testamento), permitiendo que un "grano
pequeño" contenga toda la verdad de la fe.

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