San Jerónimo explica que la lista de los apóstoles en el Evangelio
tiene la finalidad de identificar a los verdaderos enviados de Cristo y
prevenir la confusión con falsos apóstoles que surgirían después. Destaca que
el orden en que aparecen no es casual, sino que refleja la sabiduría de Jesús,
quien conocía el corazón de cada uno.
El autor aclara las diferencias entre apóstoles con nombres semejantes,
como los dos Simón y los dos Santiago, y señala que los evangelistas suelen
agruparlos de dos en dos, mostrando los lazos espirituales que los unían en la
misión. Resalta especialmente la humildad de Mateo, quien se llama a sí mismo
“publicano”, recordando su pasado para poner de manifiesto la grandeza de la
gracia de Dios.
Asimismo, explica algunos sobrenombres y variantes de nombres, como
Simón Zelotes o Cananeo, y Tadeo, también llamado Judas de Santiago o Lebeo.
Con ello muestra la riqueza de la tradición apostólica y la identidad
particular de cada discípulo, todos llamados por Cristo para anunciar el
Evangelio con fe y entrega.
(San Jerónimo [342-420] Evangelio de san Mateo).

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