En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me
diga: '¡Señor, Señor'!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla
la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán:
'¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos
hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca
los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a
un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las
crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se
cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece
a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia,
bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y
la arrasaron completamente".
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su
doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los
escribas.
Reflexión
Este Evangelio
nos recuerda que la fe verdadera no se reduce a palabras, prácticas religiosas
o apariencias externas. Jesús señala que no basta decir: “Señor, Señor”; lo
esencial es vivir conforme a la voluntad de Dios. La autenticidad del discípulo
se manifiesta en sus obras, en la coherencia entre lo que cree, dice y hace.
La parábola de
las dos casas nos invita a examinar sobre qué fundamento estamos construyendo
nuestra vida. Quien escucha la Palabra y la pone en práctica edifica sobre roca
firme. Vendrán dificultades, pruebas, sufrimientos y desafíos, pero su vida
permanecerá en pie porque está sostenida por Dios. En cambio, quien escucha y
no actúa conforme al Evangelio construye sobre arena, y tarde o temprano las
tormentas revelarán la fragilidad de esos cimientos.
Hoy Jesús nos
llama a pasar de una fe de palabras a una fe de obras, de una religiosidad
superficial a un compromiso real con el amor, la justicia, la verdad y la
misericordia. La pregunta que deja este Evangelio es profunda: ¿estoy
construyendo mi vida sobre la roca de Cristo o sobre las arenas cambiantes de
mis propios intereses?
Que cada día
podamos escuchar la voz del Señor y convertir sus enseñanzas en acciones
concretas, para que nuestra vida sea una casa firme que resista cualquier
tempestad.

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