miércoles, 13 de mayo de 2026

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260517

 



Carta de san Cirilo de Alejandría a los monjes de Egipto. Esta Carta fue enviada antes del Concilio de Éfeso, con la finalidad de poner a los monjes en aviso contra la herejía de Nestorio que negaba que María fuera reconocida como la «Theotokos» (Madre de Dios). «Me asombra que haya gente que se haga esta pregunta: ¿debe o no debe llamarse a la Virgen María Madre de Dios? Pues si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿cómo la Virgen, que lo ha puesto en el mundo, no va a ser Madre de Dios? Ésta es la creencia que nos han transmitido los Santos Apóstoles, aunque no se sirvieron de este término. Esta es la enseñanza que hemos recibido de los Santos Padres. Y muy panicularmente de nuestro Padre de venerable memoria, Atanasio, que durante cuarenta y seis años iluminó la sede de Alejandría, y opuso a las invenciones de los heréticos impíos una sabiduría invencible y digna de los Apóstoles. Atanasio, que ha invadido con el perfume de sus escritos el universo entero, y a quien todos rinden testimonio por su ortodoxia y por su piedad; Atanasio, en el tercer libro del tratado que compuso sobre la Trinidad santa y consustancial, llama varias veces a la Virgen María Madre de Dios. Voy a citar textualmente sus palabras: "La Sagrada Escritura -lo hemos hecho notar muy a menudo- se caracteriza principalmente por esto: porque rinde a la persona del Salvador un doble testimonia Por una parte, Él es el Dios eterno, el Hijo, el Verbo, el resplandor y la sabiduría del Padre; por otra, en estos últimos tiempos y para nuestra salvación, se encarnó de la Virgen María, Madre de Dios, y se hizo hombre! Yun poco más adelante dice Atanasio: "Juan, estando todavía en las entrañas de su madre, se estremeció de gozo con la voz de María, la Madre de Dios'.' Así habla este hombre considerable, tan digno de inspirar confianza, pues no habría dicho nunca nada que no fuese conforme con las Sagradas Escrituras...».

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