En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si el mundo los
odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el
mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del
mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.
Acuérdense de lo que les dije: 'El siervo no es superior a su señor'.
Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han
hecho de mis palabras, lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer
por mi causa, pues no conocen a aquél que me envió".
Comentario
Jesús prepara a sus discípulos para una realidad difícil: seguirlo
implica, muchas veces, enfrentar rechazo e incomprensión. Les dice que si el
mundo lo ha rechazado a Él primero, también puede rechazar a quienes viven
según su mensaje. No se trata de buscar conflictos, sino de comprender que los
valores del Evangelio —la verdad, la justicia, el amor y la fidelidad a Dios—
con frecuencia contrastan con intereses egoístas del mundo.
Jesús recuerda además que “el servidor no es más que su señor”: el
discípulo comparte no solo la alegría de caminar con Cristo, sino también sus
pruebas. Sin embargo, estas palabras no son de derrota, sino de fortaleza. El
creyente está llamado a permanecer firme, sabiendo que su identidad está en
Cristo y que el rechazo por causa del Evangelio puede convertirse en testimonio
de fe auténtica.
¿Estamos dispuestos a mantenernos fieles a Jesús aun cuando ello
implique ir contra la corriente?

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