domingo, 31 de mayo de 2026

Evangelio del 1 de junio 2026 Marcos 12, 1-12

 



En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:

"Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores a un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles a otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: 'A mi hijo sí lo respetarán'. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: 'Este es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra'. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?"

Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí.

 

Comentario

 

En esta parábola de los viñadores homicidas, Jesús presenta la historia de un propietario que confía su viña a unos arrendatarios. Cuando envía a sus servidores para recoger los frutos, estos son maltratados; finalmente envía a su propio hijo, pero también lo rechazan y lo matan.

La viña representa al pueblo de Dios; los servidores simbolizan a los profetas enviados a lo largo de la historia, y el hijo es Jesús mismo. Con esta parábola, Jesús denuncia la cerrazón de quienes, teniendo la responsabilidad de guiar al pueblo, no acogieron el mensaje de Dios.

El texto nos invita a preguntarnos si estamos dando los frutos que el Señor espera de nosotros y si escuchamos su voz cuando nos llama a la conversión. También nos recuerda que Dios sigue ofreciendo su amor y su misericordia, pero espera una respuesta sincera y generosa de sus hijos.

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