Sábado Santo de la Sepultura del Señor
EN ESPERA DE LA "HORA DEL PADRE"
Ayer, los cristianos y todas las personas de buena voluntad, tuvimos la
oportunidad de celebrar la santa Pasión del Siervo de Dios, Jesús, que se inmoló
por nuestra salvación, y hoy estamos invitados a guardar, con decoro, la
memoria de que Cristo reposó en este día en el sepulcro, en espera de la
"hora del Padre" para traspasar las fronteras de las tinieblas y ser
arrancado de las garras de la muerte hacia la vida nueva que el Padre le dio y
que nos tiene prometida a todos los bautizados en el momento que Él lo tiene
previsto. Es bueno releer la Pasión según la narran los evangelistas y orar en
lo profundo de nuestro corazón, como si estuviéramos frente al santo sepulcro.
La Liturgia para celebrar la Resurrección de Cristo contempla una
vigilia en la noche santa, sábado, que nos conduce a las primeras horas del
domingo de Resurrección; una hermosa y amplia liturgia que recorre en síntesis
los relatos bíblicos desde la Creación, la formación y liberación del Pueblo de
Dios, Israel; es la voz autorizada de los profetas que abren la posibilidad de
generar la esperanza de la salvación en toda la humanidad siempre y cuando, con
buena conciencia y libertad, se quiera aceptar la invitación del Señor hacia el
proyecto original de Dios con el ser humano.
1. Durante el Sábado
Santo, la Iglesia permanece en ayuno y oración, junto al sepulcro del Señor,
meditando en su pasión y muerte, así como en su descenso al lugar de los
muertos, y esperando su resurrección.
2. Manteniendo el altar
enteramente desnudo, la Iglesia se abstiene de celebrar el sacrificio de la
Misa hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la
resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los
cincuenta días subsiguientes.
3. Este día la sagrada
Comunión puede administrarse sólo como viático.

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