El descanso de Dios apunta a la consumación de la Creación, que está
más
allá de todo esfuerzo humano.
Por mucho que el hombre trabajador sea el socio menor de su Creador
(Gén 2,15), tanto menos puede él salvar la tierra mediante su esfuerzo. La meta
de la Creación es «un nuevo cielo y una nueva tierra» (Is 65,17) mediante una
redención que nos es concedida. Por eso el descanso dominical, que es un
anticipo del descanso celestial, está por encima del trabajo que nos prepara
para ello.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario