En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Nadie puede venir a mí,
si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ese yo lo resucitaré el último
día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios.
Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ése sí ha visto al Padre.
Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo, para que, quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".
Comentario
La iniciativa divina ("Nadie puede venir a mí si el Padre no lo
atrae")
El texto comienza subrayando que la fe no es solo un esfuerzo
intelectual o humano, sino una respuesta a una atracción amorosa de Dios. Es el
Padre quien da el primer paso, "dibujando" el camino hacia Jesús en
el corazón de cada persona.
Jesús hace una distinción clara entre el maná que comieron los
antepasados en el desierto (que alimentaba el cuerpo pero no evitaba la muerte)
y el Pan Vivo que es Él mismo. Mientras que el primero era un recurso temporal,
Jesús se presenta como la fuente de vida eterna, transformando la existencia de
quien "come de este pan".
"El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Aquí, Jesús anticipa la entrega total de su vida. No solo ofrece una enseñanza
o un ejemplo a seguir, sino su propia humanidad (su carne) como alimento
espiritual. Es una invitación a la comunión íntima con Él para participar de su
misma vida resucitada.

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