Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se
apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios.
Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando
agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo
había visto, no le creyeron.
Después de esto se apareció en otra forma, a dos discípulos, que iban
de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero
tampoco a ellos les creyeron.
Por último se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y
les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían
creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces:
"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura".
Comentario
Cuando Jesús se aparece primero a María Magdalena, se revela como el
Señor que vence la muerte y devuelve la vida. Ella se convierte en la primera
testigo del Resucitado, símbolo de la fe que nace del encuentro personal con
Cristo. Luego, al aparecerse a los discípulos, Jesús los reprende por su
incredulidad, pero inmediatamente los envía: “Vayan por todo el mundo y
proclamen el Evangelio a toda criatura.”
Este mandato une dos dimensiones inseparables: la experiencia de la fe
y la responsabilidad de compartirla. El creyente no puede guardar para sí la
alegría del Resucitado; está llamado a ser testigo vivo de la esperanza.
Podríamos decir que este pasaje resume la esencia del cristianismo:
encuentro, conversión y misión.

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