«Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro... Hay
que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace volviendo a
lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido después. Porqué,
habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para decir cómo
llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que, corriendo
con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo él mismo,
lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado, vio
colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y entró
en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación
alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas
en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o
de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de
estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del
tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo
que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo.
Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante.
Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó
que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué
indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente
que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado,
ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué
creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín
[354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).

No hay comentarios.:
Publicar un comentario