viernes, 3 de abril de 2026

EN COMUNIÓN CON LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA 20260405

 



«Salieron Pedro y aquel otro discípulo y vinieron al sepulcro... Hay que advertir aquí y tener muy en cuenta la recapitulación que hace volviendo a lo que había dejado, poniéndolo, no obstante, como sucedido después. Porqué, habiendo dicho que llegaron al sepulcro, se vuelve atrás para decir cómo llegaron: Corrían los dos simultáneamente... Donde manifiesta que, corriendo con mayor velocidad, llegó primero aquel otro discípulo, que, siendo él mismo, lo cuenta todo como si se tratase de otro. Y, habiéndose inclinado, vio colocadas las envolturas, mas no entró. Vino en pos de él Simón Pedro y entró en el sepulcro... ¿Vamos a pensar que estas cosas no tienen significación alguna? Jamás lo hubiera yo pensado. Pero vamos apresuradamente a otras cosas en las que nos obliga a detenernos la necesidad de resolver alguna dificultad o de dar alguna aclaración. Detenerse a averiguar el significado de cada una de estas cosas es ciertamente delicioso; pero para aquellos que disponen del tiempo que a nosotros nos es tan escaso. Entonces entró también aquel discípulo que había llegado primero al sepulcro. Llegó el primero, mas entró el segundo. Tampoco esto está vacante de misterio, pero para esto yo no estoy vacante. Dice: Y vio y creyó. Algunos, leyendo con poca atención, juzgan que Juan creyó que Jesús había resucitado, mas no lo indica así lo que sigue. Porque ¿qué indica lo que después añadió: No conocían aún la Escritura, que era conveniente que Él resucitase de entre los muertos? Luego no creyó que hubiera resucitado, ya que no sabía que era conveniente que Él resucitase. Pues ¿qué vio, qué creyó? Vio el sepulcro vacío y creyó lo que la mujer había dicho» (San Agustín [354-430]. Tratado 120 del Evangelio de Juan).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario