El Credo de Atanasio 2.
Este Credo es uno de los símbolos de la fe
aprobados por nuestra Iglesia. Es una clara exposición de las doctrinas de la
Trinidad y de la Encarnación, con una referencia a varios otros dogmas: «Así el
Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Y, sin embargo, no
son tres dioses, sino un solo Dios. Así también el Padre es el Señor, el Hijo
es el Señor, y el Espíritu Santo es el Señor. Y, sin embargo, no son tres
Señores, sino un solo Señor. Pues, así como la cristiana verdad nos compele a
reconocer que cada Persona por sí misma es Dios y Señor, asimismo la religión
católica nos prohíbe decir que hay tres dioses y tres señores. El Padre no fue
hecho por nadie, ni creado, ni engendrado. El Hijo es solo del Padre, no hecho,
ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no fue
hecho, ni creado, sino que procede de Ellos. Por lo tanto, hay un solo Padre,
no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus
Santos. Y en esta Trinidad ninguno va antes o después del otro, ninguno es
mayor o menor que el otro, sino que las tres Personas son entre sí coeternas e
iguales; de modo, que, como se dijo antes, se debe adorarla Unidad en Trinidad
y la Trinidad en Unidad. El que quiera, pues, salvarse, debe pensar así sobre
la Trinidad». Este Credo lleva el nombre de San Atanasio de Alejandría
(296-375), pero la historicidad de su autoría es dudosa. Se piensa que el texto
es del siglo VII. El credo Atanasiano establece la necesidad de creer en la fe
católica para la salvación. El Credo cierra con las palabras: «Ésta es la fe
católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse».

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