En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí,
no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí ve a aquel
que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que el que crea en mí
no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a
condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para
salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene:
las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he
hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que
tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues,
lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho".
Comentario
Este pasaje es una proclamación solemne de Jesús sobre su identidad y
misión. Él declara que creer en Él es creer en el Padre que lo envió, y que su
venida al mundo no tiene como fin condenar, sino salvar. Jesús se presenta como
la luz que disipa las tinieblas del corazón humano, ofreciendo vida y verdad a
quienes lo escuchan.
El texto subraya que sus palabras no son suyas, sino del Padre, y que
esas mismas palabras serán criterio de juicio. En esencia, este fragmento nos
invita a comprender que la fe cristiana no se basa en el miedo o la condena,
sino en la luz que transforma y salva.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario