jueves, 5 de febrero de 2026

RAÍCES DE NUESTRA FE 20260208

 



Edad de Oro de los Padres (siglos IV-V). Los historiadores colocan este período entre el Concilio de Nicea (año 325) y el Concilio de Calcedonia (año 451). Es el período más breve, años 325-451. Pero es al mismo tiempo la etapa de mayor esplendor de la literatura patrística. Profundas crisis doctrinales, como la arriana y la pelagiana, perturbaron la Iglesia en esa época. Los Padres de estos tiempos, comprometidos en las grandes discusiones, supieron dar una contribución decisiva a la sistematización de la ciencia teológica y, por lo tanto, a la pureza de la doctrina. En esta época destacan las figuras de san Atanasio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Juan Crisóstomo, considerados como los más grandes Padres de la Iglesia Oriental; en la Iglesia de Occidente el dominio indiscutible lo tienen San Jerónimo, el Doctor de las Sagradas Escrituras, San Ambrosio, el Doctor de la independencia de la Iglesia, San Agustín, que no sólo es el Doctor de la Gracia, sino el Doctor universal, el santo obispo que por varios siglos fue el principal inspirador del pensamiento cristiano de Occidente. Es la época de esplendor en el desarrollo de la liturgia, que cristalizará en los diversos ritos que conocemos; es también la época de las grandes controversias teológicas, que obligan a un profundo estudio de la Revelación y permiten formular dogmáticamente la fe; en fin, es la época de un mayor esfuerzo por la total evangelización del mundo antiguo. La fecha de clausura de este período está caracterizada por una gran unidad entre los dos pulmones de la Iglesia, Oriente y Occidente.

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