En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: "Si alguno quiere
acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me
siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el
que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al
hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?
Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina,
también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su
gloria y de la del Padre y de la gloria de los santos ángeles".
Reflexión
Seguir a Jesús no ocurre en un vacío espiritual; sucede mientras
caminamos hacia el trabajo, usamos el celular o nos cruzamos con desconocidos.
La "cruz de cada día" son nuestros sacrificios, nuestra paciencia y
nuestra fidelidad en un mundo que a menudo corre en dirección contraria.
En una cultura que nos empuja constantemente a "ganar el
mundo" (fama, éxito, posesiones), la figura de Cristo nos invita a soltar
el ego para encontrar una vida con propósito real.
El texto advierte sobre avergonzarse de Él. Caminar con coherencia
cristiana hoy requiere valentía; es ser luz en medio del ruido y la
indiferencia de la multitud.
Al final, la pregunta que nos deja esta escena es: En medio de mi rutina y mis afanes, ¿estoy caminando al paso de Jesús o simplemente soy un espectador más en la multitud?

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