jueves, 8 de enero de 2026

Evangelio del 9 de enero 2026 Lucas 5, 12-16

 


En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: "Señor, si quieres, puedes curarme". Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero. Queda limpio". Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: "Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio".

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

 

Reflexión

 

1. La audacia de la humildad

En aquella época, un leproso era un marginado total, obligado a vivir lejos de la sociedad y a avisar de su presencia para no "contaminar" a otros. Sin embargo, este hombre rompe las barreras del miedo y se postra ante Jesús. Su oración no es una exigencia, sino un acto de abandono absoluto: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. No duda del poder de Jesús, sino que se somete con humildad a su voluntad.

 

2. El poder del contacto humano

La respuesta de Jesús es revolucionaria: "Extendió la mano y lo tocó". Según la ley de aquel tiempo, al tocar al leproso, Jesús quedaba legalmente "impuro". Pero Jesús invierte la lógica: su pureza es más fuerte que la enfermedad. Al tocarlo, no solo sana su piel, sino que sana su alma y su dignidad, devolviéndole el sentido de pertenencia. Nos enseña que la caridad verdadera a veces requiere "ensuciarse las manos" y romper protocolos para salvar a la persona.

 

3. La prioridad del encuentro con el Padre

El pasaje termina con un detalle vital: a pesar de que la fama de Jesús crecía y las multitudes lo buscaban, él "se retiraba a lugares solitarios para orar". Esta es una lección de equilibrio para nuestra vida moderna. Jesús no permite que el activismo o el éxito lo alejen de su fuente de fuerza. Cuanto más trabajo y presión tenía, más buscaba el silencio con Dios.

 

Reflexión para hoy

¿Cuál es esa "lepra" (miedo, culpa, egoísmo) que hoy necesito presentarle al Señor? ¿Tengo la confianza suficiente para decirle "si quieres, puedes limpiarme", sabiendo que Él nunca rechaza un corazón sincero?

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