Iniciamos un año nuevo civil, y precisamente con la solemnidad de Santa
María, Madre de Dios. Así es como la Iglesia Universal quiere que todos sus
hijos tomados de la mano de la Virgen continúen este año. María Virgen es quien
nos ha comunicado y compartido la más grande riqueza y bendición de todos los
tiempos: Jesucristo nuestro Señor. Por eso María es la bendita entre todas las
mujeres y a su intercesión la Iglesia se acoge en todo tiempo. Es fundamental
para la vida del creyente y para cada uno de nosotros que caminemos con la
Bendición de Dios, que sea Él quien nos bendiga en todo y nunca aparte de
nosotros su rostro misericordioso. Bendiga las familias, a cada persona,
bendiga los trabajos, bendiga a los enfermos, a los migrantes y a todos
aquellos que están necesitados de la bendición de Dios. Dios bendice a todos
aquellos que invocan e imploran su nombre. Que este año sea un año de gracias y
bendiciones, que sepamos corresponder, como nos aconseja María Virgen, y que
sus actitudes maternales y su ternura sean para nosotros ejemplo de acogida, de
abrazo a Jesús en nuestra vida, que crezca y madure en medio de nuestra familia
y se encarnen los valores más necesarios para nuestras familias y sociedad:
como la paz, el amor, la justicia, el compromiso cristiano.

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