miércoles, 1 de abril de 2026

LA PASCUA CRISTIANA

 

 


Es la celebración en la que hacemos memorial de la Resurrección de Jesús al tercer día de su muerte según los relatos contenidos en las Sagradas Escrituras. Con esta celebración termina la Semana Santa iniciada el Domingo de Ramos. La Pascua es una fiesta móvil, cuyo día varía cada año. La fecha viene fijada siguiendo el Año Litúrgico, que se rige por los ciclos lunares. Cuenta la historia, que la noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena y eso les permitió prescindir de las lámparas para que no los descubrieran los soldados del faraón. Los judíos celebran este acontecimiento cada año en la pascua judía o «Pésaj», que siempre concuerda con una noche de luna llena, en recuerdo de los israelitas que huyeron de Egipto pasando por el Mar Rojo. La celebración oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año en el calendario litúrgico romano.

Datos históricos.

La muerte y la resurrección de Jesús transcurren durante la Pascua judía. Por ello podemos estar seguros de que el primer Jueves Santo de la historia, cuando Jesús celebraba la Pascua judía con sus discípulos, era una noche de luna llena. La Pascua tiene raíces en la tradición judía, específicamente en la celebración del Pésaj. En ella los judíos recuerdan muchos eventos y, en particular, el paso dado por el ángel exterminador sobre las casas hebreas cuando iba en busca de los primogénitos egipcios. Este "paso" en la lengua hebrea se dice pésaj («pasar por encima>>). Este vocablo en el latín litúrgico pasó a ser pascha y posteriormente pascua. Esta transformación de la palabra se debió a la expansión del cristianismo en los tiempos del imperio romano. Jesucristo al resucitar cambió el sentido del Pésaj judío tradicional, y la Pascua pasó a significar el «pasar por encima» o, más bien el paso de la muerte a la vida eterna. En los dos casos se trata de celebrar la salvación. La Pascua cristiana comenzó a celebrarse en concordancia cronológica con la Pascua judía. Se hizo así durante algunos siglos, hasta que en el Concilio de Nicea de 325 d.C. se decidió dejar de usar el calendario hebreo y se optó por celebrarla el primer domingo después de la luna llena que mencionamos anteriormente. Esto se debió a que los cristianos pusieron énfasis en la significación del día I domingo, que fue el «Primer día de la semana» en el que Jesucristo resucitó según los cuatro Evangelios, mientras que la celebración de la Pascua judía no hace distinción entre los días de la semana.

Tiempo Pascual.

Este tiempo es el más fuerte de todo el Año Litúrgico. Se inaugura en la Vigilia Pascual y dura siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua del Señor que ha pasado de la muerte a la vida a su existencia gloriosa. Es la Pascua de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la vida nueva de su Señor por medio del Espíritu donado por el Resucitado en Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes de la liturgia. La Iglesia organizó estas siete semanas con la finalidad de prolongar el gozo de la Resurrección y para celebrar al final de los cincuenta días la venida del Espíritu Santo. Desde el siglo ll tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayunaba, sino que se vivía una prolongada alegría. La liturgia insiste en el carácter unitario de estas semanas. La primera semana se le llama «Octava de Pascua», en la que por tradición los bautizados en la Vigilia Pascual eran introducidos a una profunda comunión con el misterio de Cristo. La «octava de Pascua» termina con el llamado Domingo «In albis», porque ese día los bautizados deponían los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.

 

Fuente: Misal Pan de la Palabra Ciclo A 2026

Evangelio del 1 de abril 2026 Mateo 26, 14-25

 



En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?" Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?" Él respondió: "Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa'". Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme". Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: "¿Acaso soy yo, Señor?" Él respondió: "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido". Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: "¿Acaso soy yo, Maestro?" Jesús le respondió: "Tú lo has dicho".

Comentario

En este pasaje se entrelazan la traición, el cumplimiento de las profecías y la profunda humanidad de los personajes.

Es impactante ver cómo Judas pone precio a su lealtad por "treinta monedas de plata". El texto subraya la libertad humana: él busca la oportunidad para entregarlo.

Durante la mesa, un lugar de comunión y amistad, Jesús dice: "Uno de ustedes me va a entregar". La reacción de los discípulos es de una tristeza profunda y una duda honesta: "¿Seré yo, Señor?".

Mientras Jesús se entrega por amor y obediencia, Judas se aparta por intereses oscuros. El Hijo del hombre va a morir como está escrito; nos recuerda que el dolor de la traición ya estaba contemplado en el plan de redención.

Es un texto que invita a mirar hacia adentro y preguntarnos sobre nuestras propias lealtades y la capacidad de mantenernos firmes en los momentos de mayor presión.