Es la celebración en la que hacemos memorial de la Resurrección de
Jesús al tercer día de su muerte según los relatos contenidos en las Sagradas
Escrituras. Con esta celebración termina la Semana Santa iniciada el Domingo de
Ramos. La Pascua es una fiesta móvil, cuyo día varía cada año. La fecha viene
fijada siguiendo el Año Litúrgico, que se rige por los ciclos lunares. Cuenta
la historia, que la noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna
llena y eso les permitió prescindir de las lámparas para que no los
descubrieran los soldados del faraón. Los judíos celebran este acontecimiento
cada año en la pascua judía o «Pésaj», que siempre concuerda con una noche de
luna llena, en recuerdo de los israelitas que huyeron de Egipto pasando por el
Mar Rojo. La celebración oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada
año en el calendario litúrgico romano.
Datos históricos.
La muerte y la resurrección de Jesús transcurren durante la Pascua judía. Por ello podemos estar seguros de que el primer Jueves Santo de la historia, cuando Jesús celebraba la Pascua judía con sus discípulos, era una noche de luna llena. La Pascua tiene raíces en la tradición judía, específicamente en la celebración del Pésaj. En ella los judíos recuerdan muchos eventos y, en particular, el paso dado por el ángel exterminador sobre las casas hebreas cuando iba en busca de los primogénitos egipcios. Este "paso" en la lengua hebrea se dice pésaj («pasar por encima>>). Este vocablo en el latín litúrgico pasó a ser pascha y posteriormente pascua. Esta transformación de la palabra se debió a la expansión del cristianismo en los tiempos del imperio romano. Jesucristo al resucitar cambió el sentido del Pésaj judío tradicional, y la Pascua pasó a significar el «pasar por encima» o, más bien el paso de la muerte a la vida eterna. En los dos casos se trata de celebrar la salvación. La Pascua cristiana comenzó a celebrarse en concordancia cronológica con la Pascua judía. Se hizo así durante algunos siglos, hasta que en el Concilio de Nicea de 325 d.C. se decidió dejar de usar el calendario hebreo y se optó por celebrarla el primer domingo después de la luna llena que mencionamos anteriormente. Esto se debió a que los cristianos pusieron énfasis en la significación del día I domingo, que fue el «Primer día de la semana» en el que Jesucristo resucitó según los cuatro Evangelios, mientras que la celebración de la Pascua judía no hace distinción entre los días de la semana.
Tiempo Pascual.
Este tiempo es el más fuerte de todo el Año Litúrgico. Se inaugura en
la Vigilia Pascual y dura siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua del
Señor que ha pasado de la muerte a la vida a su existencia gloriosa. Es la
Pascua de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la vida nueva de su
Señor por medio del Espíritu donado por el Resucitado en Pentecostés. El origen
de esta cincuentena se remonta a los orígenes de la liturgia. La Iglesia
organizó estas siete semanas con la finalidad de prolongar el gozo de la
Resurrección y para celebrar al final de los cincuenta días la venida del
Espíritu Santo. Desde el siglo ll tenemos el testimonio de Tertuliano que habla
de que en este espacio no se ayunaba, sino que se vivía una prolongada alegría.
La liturgia insiste en el carácter unitario de estas semanas. La primera semana
se le llama «Octava de Pascua», en la que por tradición los bautizados en la
Vigilia Pascual eran introducidos a una profunda comunión con el misterio de
Cristo. La «octava de Pascua» termina con el llamado Domingo «In albis», porque
ese día los bautizados deponían los vestidos blancos recibidos el día de su
Bautismo.
Fuente: Misal Pan de la Palabra Ciclo A 2026

